martes, 20 de enero de 2015

La cena de los 30 discípulos

Hacía varias semanas que habían quedado, pero no se conocían. No la mayoría de ellos. Aunque tenían algo en común: todos seguían un blog llamado VAM.
Todos tenían una filosofía de vida parecida, o soñaban con tenerla: la filosafía de vida de A.

Aunque A no dió ningún discurso, esa filosofía estaba impresa en las conversaciones, en las inquietudes de vida de cada uno de ellos. Es agradable compartir una cena con gente con la que tienes algo en común, y es agradable compartir cena con gente de la que puedes aprender un montón de cosas nuevas.

Fueron llegando poco a poco al lugar del encuentro, y se fueron presentando conforme llegaban. Los pocos que se conocían llegaron tarde, incluido aquel a quien todos conocían, aunque sólo fuera por su blog.

Habían quedado para cenar. Meter a 30 personas en un local y además que no fuera muy caro debió de ser tarea ardua. Pero la organización triunfó.
Se sentaron sin conocerse y hablaron de sus inquietudes. Unos hablando más que otros, pero todos aprendieron mucho de las vivencias ajenas.

Cenaron, charraron, bailaron, rieron y se despidieron. Puede que nunca más vuelvan a verse, o puede que se formen grandes amistades, sólo el tiempo lo sabe, pero la experiencia en sí mereció la pena.


domingo, 28 de diciembre de 2014

Estudiando voy, estudiando vengo

Hace un par de semanas empecé un curso del Servef sobre eficiencia energética. La primera semana no dimos nada que no supiera ya, aunque no me vino mal recordarlo. Entonces pensé que igual no aprendía nada nuevo en el curso y que se me iba a hacer muy largo. Por otro lado eran los primeros días, así que es normal que aún no entremos en materia complicada. La segunda semana lo mismo, aunque aprendí trucos que no sabía. Eso ya es una mejora así que me animé.

Del profesor diría que explica bien, pero que pierde mucho el tiempo. Yo estoy acostumbrada a la universidad politécnica, donde nos concentran más la información y aún así somos capaces de procesarla. Ir tan relajados me pone un poco nerviosa, como si estuviéramos perdiendo el tiempo, aunque me lo intento tomar con filosofía (en el fondo no es grave).

Los compañeros de clase me parecieron pintorescos, cada uno diferente, y eso que en el fondo somos un grupo bastante homogéneo: todos somos licenciados en alguna carrera técnica. Pero digamos que enseguida nos podríamos haber puesto motes, enseguida cada uno hizo o destacó por algo concreto.
Después de conocerlos un poco más la verdad es que todos son majos y colaborativos, aunque podríamos ser objeto de un estudio sociológico igualmente jajaja.

Sólo llevamos dos semanas y sin embargo ya hemos tenido que hacer y exponer un trabajo. Yo intenté estar relajada al exponerlo, pero la verdad es que me puse nerviosa y se notó. Como haremos más trabajos espero mejorar con la práctica. Hay que aprender a controlar el nerviosismo absurdo de hablar en público.
De mi grupo de trabajo hubo un compañero que me sorprendió, presentó su parte de una forma cercana y entretenida que me gustó mucho. Habrá que aprender de él.

Del resto de grupos me resultó la información demasiado concentrada, igual porque sobre sus trabajos tenían más información que nosotros, pero esa acumulación de información restaba fluidez a la presentación. Yo soy más de “poco pero claro” que “mucho y confuso”.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Escapa mientras puedas


M estaba perdida, en medio del campo, corriendo sin rumbo fijo, asustada porque alguien la seguía. Pese a todo el paisaje era bonito, estaba amaneciendo y en la lejanía se perfilaban los colores del amanecer, más claros en la línea del horizonte y aún oscuros a su espalda.

Corría por un camino entre campos, torciéndose de vez en cuando un tobillo al apoyar el pie en alguna irregularidad del suelo lleno de desniveles y huecos. Las hierbas del camino estaban húmedas por el rocío y M se estaba mojando los pies al pisarlas. Pero no dejó de correr, tenía miedo a que la alcanzaran.

No podía ver a sus perseguidores, pero los presentía cerca, ocultos en cada matorral. Llegó a un cruce de caminos y eligió el de la derecha. Mala elección, unos metros más allá el camino se acababa. No quiso retroceder, lo consideró demasiado arriesgado, así que siguió corriendo campo a través, pero más despacio y con mayor riesgo de torcerse un pie. Cuando se acabó la parcela no le quedó más remedio que retroceder, mirando con cien ojos a cada lado por si sus perseguidores aparecían. ¿Los habría conseguido despistar? No veía a nadie a lo lejos.

Siguió corriendo y huyendo, pero no tenía mucho fondo y al final se paró y caminó. Después de todo hacía tiempo que no veía a nadie, quizás ya no la seguían.

Un pequeño cartel le llamó la atención, indicaba un sendero hacia un pueblo vecino. Se metió por él. Nada más tomar el sendero se arrepintió, era el lugar perfecto para una emboscada. Estrecho, sin salidas por las que huir, y con poco transito de personas. Pero continuó andando y lo atravesó sin que pasará nada.

Después decidió atravesar una propiedad privada sin vallar. Era salir a campo abierto, exponerse a ser descubierta, pero se arriesgó porque al otro lado se veía un bosque espeso en el que esconderse.


Una vez en el bosque se sintió más tranquila, además el lugar era bien bonito y se dedicó a investigarlo. Había altos árboles que ensombrecían el lugar, algunos troncos caidos, guaridas de pequeños animales como liebres y multitud de cuervos en los árboles. El graznido que emitían estos últimos no tranquilizaba a M, que imaginaba los grandes y duros picos que tienen estos animales. Pero ninguno se acercó a ella, se contentaron con sobrevolar de rama en rama sobre su cabeza.

De repente oyo ruidos. Alguien se acercaba frente a ella. Un perro furioso apareció entre los árboles ladrándole y avanzando hacía ella. Se quedó quieta, mirándolo y lamentando no haber cogido ninguna de las ramas caídas que podían haber servido de apoyo para el camino y de defensa en estos casos.

El perro paró a dos metros de ella sin dejar de ladrar ni de mirarla. Ella también le miraba pero no se movía, mientras evaluaba infinidad de posibilidades de defensa en su cabeza si el animal decidía finalmente atacar.

Al poco tiempo, aunque a M le pareció una eternidad, aparecieron unos viejos cazadores que llamaron al animal. El perro no obedeció ni dejó de mirarla o ladrarle, pero se movió ligeramente hacia ellos y M avanzó para superarlo. También superó a los cazadores a los que saludó educadamente.

Los cazadores y su perro quedaron atrás y el sonido del bosque volvió. Ya no había ladridos ni conversación de personas, sólo crujido de hojas y ramas bajo sus pies y graznidos de cuervos de vez en cuando.

M se preguntaba si no andaría caminando perdida, dando vueltas en círculo, cuando vio entre los árboles que el bosque se acababa de nuevo. Salió a un campo de cultivo labrado, limpio de plantas. De nuevo quedaría expuesta a ser descubierta, pero ¿aún la seguían? 
Atravesó el campo y llegó a un pequeño pueblo. Reconoció las casas, la pequeña iglesia con su cementerio rodeándola, y la cerca del caballo de su vecino. 

Por fin estaba en casa. Se alegró y se sintió tranquila por primera vez en toda la mañana. Se regaló una ducha caliente, se envolvió en una manta acurrucándose en el sofá y se relajó.

martes, 25 de noviembre de 2014

La biblioteca del barrio

Reconozco que me daba un poco de apuro ir por primera vez, ¡qué tontería!, pero es lo que tiene hacer algo por primera vez, que no sabes cómo va a ser.

La verdad es que me ha sorprendido, creía que la biblioteca de mi barrio sería menos transitada de lo que en realidad es. ¡Está genial que vaya gente! De hecho, ¡está genial que exista! Tienes un montón de libros que puedes leer, tienes DVD con películas, tienes cursos de idiomas que también puedes sacar, tienes revistas y periódicos del día (y de otros días), tienes un montón de mesas para sentarte, y lo que yo más uso ¡tienes internet gratis! Es cierto que a veces falla, y que al principio cuesta de configurar (no detecta la red automáticamente), pero ¿no es genial tener tantos servicios de uso público?

Aunque esperaba que acudiera menos gente, el número no es tal que no tengas espacio. Yo creo que hay mucha gente que no conoce ni su existencia ni su funcionamiento, y es una pena. Pero por otro lado está bien que no se masifique y siempre haya sitio disponible.

Vamos, cultura y ocio al alcance de todos y sin agobios. ¡Qué guay! Me gusta mi ciudad :)


jueves, 20 de noviembre de 2014

Entrenando

Entrenar con un equipo, con un entrenador, con un plan de entrenamiento, con gente que comparte tu aficción está muy bien, pero tiene sus consecuencias.

Está bien seguir un plan para no dormirse y para no hacer siempre lo mismo sin progresar. Pero seguir un plan significa también esforzarse. 
El lunes fue el primer día que hicimos ejercicios de fuerza: sentadillas, triceps, biceps... 
¿La consecuencia? Al día siguiente agujetas, sobretodo en los glúteos. Aún así conseguí volver a entrenar y acabar dignamente el entrenamiento del martes. Pero el miércoles me levanté que me dolían las agujetas aún más, cada vez que me sentaba, me levantaba o cambiaba de posición en general, me dolía tanto que lo hacía despacio, pensando cada paso. Realmente me sentí muy mayor :(

De hecho me recordé a mi padre, que pobrecito tiene la cadera desgastada, le duele y no puede caminar. Él por un motivo y yo por otro, pero hacemos movimientos similares cada vez que nos levantamos o sentamos. Nos movemos despacio, nos ayudamos apoyando las manos donde podemos, y vamos diciendo "uy,ay,uy" al movernos. Muy triste.

Hoy ya empiezo a mejorar, a mí se me pasará enseguida, a mi padre no. Pobrecito, él tiene que seguir viviendo en esas condiciones. Muchos ánimos desde aquí.

En fin, que entrenar es divertido y estimulante... pero a veces tiene consecuencias negativas. A partir de ahora casi todos los lunes tendremos ejercicios de fuerza. Espero tener menos agujetas la próxima vez, espero mejorar cada semana, porque pasar 2 días sin moverse no es alternativa jejeje.


viernes, 7 de noviembre de 2014

El Miguelete y +

Le estoy cogiendo el gusto al turisteo por Valencia.

El domingo quedamos unos compañeros de departamento y subimos al Miguelete (torre emblemática de Valencia). Se supone que soy una persona en forma, bueno lo supone el resto porque yo sé que llevo como año y medio sin hacer nada de nada. Bien, subir los 207 escalones (de altura superior a la estándar actual) de un tirón se mi hizo algo duro. Llegué con el pulso y la respiración aceleradas. ¡Uf! Luego te recuperas en seguida, pero me dio la impresión de estar en muy baja forma jejeje.

Estuvimos un buen rato allí arriba observando la ciudad e intentando descifrar edificios emblemáticos. Como era día de difuntos las campanas de la torre tocaron a muerto (o eso creo yo porque era un toque algo siniestro). Y luego, estábamos tranquilamente observando la enorme campana del centro cuando - ¡dong! – se pusó a tocar las horas. ¡Qué susto nos dio la primera campanada! Realmente suena fuerte estando allí al lado :)




Finalmente bajamos y nos dirigimos al Palacio del Marqués de Dos Aguas. Un palacio con una entrada en mármol anaranjado impresionante. Fuimos a la hora prevista para la visita guiada. Está muy bien que te cuenten cosas que no podrías adivinar simplemente viendo el edificio. Nos explicaron la historia de la familia y las utilidades de cada habitación. Está muy bonito el palacio. Me recordó a Versalles (salvando las distancias), lo cual coincide con el hecho de que Versalles era la referencia a seguir en aquella época (lo mejor de lo mejor y por tanto a imitar). 
Lo que no me explicaron en Versalles (o no lo recuerdo) es que los músicos estaban escondidos en la sala de baile, o sea, que estaban en otra sala que comunicaba para que se oyera la música pero a los que no podían ver ni ser vistos. ¿Estarían igual en Versalles? ¿o sólo tocaban músicos nobles allí?

Halloween

El sol empezó a ponerse y las sombras se alargaban y empezaban a surgir por entre los oscuros rincones. M se asomó por la ventana y vio corretear a pequeños brujos, zombis y vampiros. Era su día y había que aprovecharlo.

Se puso sus mejores galas, se pintó los ojos bien oscuros, los labios bien rojos y enseñó los colmillos bien blancos. Aún se notaba sobre el cuello el mordisco que la convirtió. Silvó a sus murciélagos y unos cuantos se unieron a ella. Ya se disponía a salir de casa cuando recibió varios mensajes de su amiga de cacería nocturna: iba a llegar tarde.

“El que espera desespera” dice un refrán y M tuvo que hacer esfuerzos para no morderse sus recién pintadas uñas negras. Finalmente cogió el batmóvil y recogió en la estación a su amiga que aún iba de incógnito. Salvo la noche de Halloween las vampiresas son discretas y disimulan su condición. Pero esa noche era suya y podían campar a sus anchas.

Tenían hambre así que probaron con un coreano que encontraron por el camino, cerca de donde dejaron el batmóvil. Mi amiga opinaba que había probado coreanos mejores, quizás no era coreano de pura sangre, pero no estuvo mal del todo. Una vez probada la sangre su amiga se transformó en lo que realmente es, una vampiresa de miedo.

Acabaron la noche en H un local oscuro y tenebroso lleno de extraños espíritus, algunos aterradores como los payasos, otros no tanto como las enfermeras sexys. Había mucho zombi en el local, y todos muy orgullosos de su profesión, porque iban vestidos aún de trabajo.


Bailaron con algunas posibles víctimas para tantear cuánta sangre quedaba en sus venas, pero visto que allí no había más que zombis se cansaron y se fueron a casa a meterse en el ataúd y descansar.