El tercer día en Lesedi me levanté más descansada y animada
que el día anterior. Desayuné, me duché cerrando con llave el edificio común de
baños (según procedimiento establecido) y bajé a las oficinas (en coche, por si
se pone a llover tener el coche donde yo esté).
El día estuvo entretenido porque empezamos a conectar
inversores (el equipo que transforma la corriente continua que generan los
módulos fotovoltaicos en corriente alterna para verterla a la red). Para
conectar los inversores hay que conectar también los trafos que llevan
asociados. Y estos trafos son de 22 kV y hay que ponerse unos guantes
supergordos, y tener preparada la pértiga para sacar al que está dentro… en fin, es entretenido.
Esa mañana vino el jefe de construcción de la empresa (el
jefazo de Madrid, para que me entendáis). A la tarde tuvimos reunión para
aclarar algunos problemas de la obra, y después carretera y manta (o sea,
vuelta para Bloemfontein). Estaba algo inquieta por la reunión, pero al final no fue para tanto.
El viaje de vuelta empezó normal, con la carretera
secundaria de bordes recortados. Se veían unos nubarrones negros a lo lejos,
hacia donde yo me dirigía. Cuando pasé por los vendedores de piedras ya había
empezado a llover. Los camiones mineros especialmente, producen una niebla de
gotas dispersadas detrás de ellos que hace difícil saber si vienen o no coches
de cara. Así que estuve mucho rato detrás de uno de ellos hasta que pude
adelantarlo. No iba tampoco excesivamente despacio (el camión), pero se
agradeció adelantarlo y poder ver a lo lejos, aunque fuera con la lluvia.
La lluvia fue a ratos todo el camino: a ratos fuerte, a
ratos menos fuerte, a ratos sin lluvia. Tenía intención de no parar en
Kimberley, pero el indicador de gasolina empezó a bajar, y ante la duda, paré.
Además aproveché para estirar las piernas, porque entre la lluvia y los
camiones iba a tardar 4h en llegar, y una paradita venía bien.
Me metí en la ciudad, puse gasolina en la primera gasolinera
que me encontré, y me crucé la ciudad para salir por la carretera
correspondiente. Confiaba en no perderme, y así fue, había algún cartel que me
indicó la buena dirección, pero fui con la duda toda la ciudad.
De nuevo en la carretera más lluvia y más camiones. En un
momento dado, menos mal que no llovía, vi un bulto en el suelo en la carretera,
más adelante. Conforme me acerqué pude distinguir que era ¡¡una tortuga
cruzando!! Por suerte pude esquivarla fácilmente, y me quedé mirando por el
retrovisor a ver si el coche de detrás (a cierta distancia) también la
esquivaba. Me pareció que sí, así que la tortuga se salvó :D Sería una tortuga
de tierra de unos 30 cm de largo y 20 de alto. Nunca hubiera imaginado una
tortuga cruzando una carretera en Sudáfrica :O
Al final conseguí llegar a Bloemfontein, donde la carretera
vuelve a tener dos carriles y donde empiezan los semáforos. Me encontré con
charcos enormes en la carretera con los que hay que tener cuidado. Te frenan
las ruedas que pisen el charco, y levantas unos chorros de agua enormes (que
valen para limpiarte los bajos del coche jejeje). Bajé la velocidad y fui con precaución.
Llegando a casa empezó a anochecer. Un anochecer rojizo muy
bonito. Al menos llegué relajada a casa con al belleza del paisaje después de
un largo viaje :D
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