martes, 4 de marzo de 2014

Viaje a Lesedi (3/3)

El tercer día en Lesedi me levanté más descansada y animada que el día anterior. Desayuné, me duché cerrando con llave el edificio común de baños (según procedimiento establecido) y bajé a las oficinas (en coche, por si se pone a llover tener el coche donde yo esté).

El día estuvo entretenido porque empezamos a conectar inversores (el equipo que transforma la corriente continua que generan los módulos fotovoltaicos en corriente alterna para verterla a la red). Para conectar los inversores hay que conectar también los trafos que llevan asociados. Y estos trafos son de 22 kV y hay que ponerse unos guantes supergordos, y tener preparada la pértiga para sacar al que está dentro…  en fin, es entretenido.

Esa mañana vino el jefe de construcción de la empresa (el jefazo de Madrid, para que me entendáis). A la tarde tuvimos reunión para aclarar algunos problemas de la obra, y después carretera y manta (o sea, vuelta para Bloemfontein). Estaba algo inquieta por la reunión, pero al final no fue para tanto.

El viaje de vuelta empezó normal, con la carretera secundaria de bordes recortados. Se veían unos nubarrones negros a lo lejos, hacia donde yo me dirigía. Cuando pasé por los vendedores de piedras ya había empezado a llover. Los camiones mineros especialmente, producen una niebla de gotas dispersadas detrás de ellos que hace difícil saber si vienen o no coches de cara. Así que estuve mucho rato detrás de uno de ellos hasta que pude adelantarlo. No iba tampoco excesivamente despacio (el camión), pero se agradeció adelantarlo y poder ver a lo lejos, aunque fuera con la lluvia.

La lluvia fue a ratos todo el camino: a ratos fuerte, a ratos menos fuerte, a ratos sin lluvia. Tenía intención de no parar en Kimberley, pero el indicador de gasolina empezó a bajar, y ante la duda, paré. Además aproveché para estirar las piernas, porque entre la lluvia y los camiones iba a tardar 4h en llegar, y una paradita venía bien.

Me metí en la ciudad, puse gasolina en la primera gasolinera que me encontré, y me crucé la ciudad para salir por la carretera correspondiente. Confiaba en no perderme, y así fue, había algún cartel que me indicó la buena dirección, pero fui con la duda toda la ciudad.

De nuevo en la carretera más lluvia y más camiones. En un momento dado, menos mal que no llovía, vi un bulto en el suelo en la carretera, más adelante. Conforme me acerqué pude distinguir que era ¡¡una tortuga cruzando!! Por suerte pude esquivarla fácilmente, y me quedé mirando por el retrovisor a ver si el coche de detrás (a cierta distancia) también la esquivaba. Me pareció que sí, así que la tortuga se salvó :D Sería una tortuga de tierra de unos 30 cm de largo y 20 de alto. Nunca hubiera imaginado una tortuga cruzando una carretera en Sudáfrica :O

Al final conseguí llegar a Bloemfontein, donde la carretera vuelve a tener dos carriles y donde empiezan los semáforos. Me encontré con charcos enormes en la carretera con los que hay que tener cuidado. Te frenan las ruedas que pisen el charco, y levantas unos chorros de agua enormes (que valen para limpiarte los bajos del coche jejeje). Bajé la velocidad y fui con precaución.

Llegando a casa empezó a anochecer. Un anochecer rojizo muy bonito. Al menos llegué relajada a casa con al belleza del paisaje después de un largo viaje :D

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